El sector de consultoría ambiental, es decir, aquellas oficinas dedicadas principalmente a la elaboración de Estudios (EIA) y Declaraciones de Impacto Ambiental (DIA), ha sido menos sensible frente a la caída que ha registrado la economía en general.

En medio de un escenario de requerimientos crecientes por parte de las autoridades que evalúan las iniciativas, lo que ha derivado, por ejemplo, en períodos más extensos para la medición de los indicadores que influyen en las líneas de base y los impactos de las iniciativas, tiene a los titulares de proyectos tratando de adelantar estos procesos con el objetivo de estar en condiciones de iniciar la tramitación de sus proyectos en el momento en que la situación repunte.

Esta situación ha hecho que a nivel de los actores de mayor tamaño en este sector, el ritmo de trabajo haya bajado en torno al 5%, estima Jaime Solari, gerente general de SGA, una de las principales consultoras del país, que actualmente trabaja en iniciativas como el nuevo terminal del puerto de Valparaíso o la central Tierra Noble, ligada a la hispana Gas Natural Penosa.

Este menor impacto se ha dado, dice, por el rebalanceo que se ha producido entre los sectores que más demandan este tipo de servicios, de forma que el área de energía ha compensado el retroceso de la industria minera. Solari explica que Chile está siguiendo la senda de los países más ricos, donde se han elevado los niveles de detalle que se le pide a los proyectos a la hora de evaluarlos ambientalmente, lo que no sólo ha extendido los plazos para construir los EIA y DIA, sino que también se ha incrementado su costo.

En el primer aspecto, si antes se calculaba un año para elaborar un EIA, ese período se ha duplicado. En la última década, calcula, que el costo de un EIA es cinco veces mayor, mientras que para una DIA, que ahora requiere establecer una línea de base, ese valor es diez más alto.

“Se pide más descripción de proyectos, considerando el comportamiento en las cuatro estaciones y no en dos como se hacía. También hay más detalle de la ingeniería, lo que corre los plazos”, explica. Añade que “ya pasó la etapa de presentar proyectos más conceptuales, sino que hay que empezar a incluir en los EIA la ingeniería básica, lo que supone más inversión y una forma distinta de trabajar para las consultoras, porque también las empresas contratan a contrapartes para chequear lo planteado por la consultora en el estudio”.

El ejecutivo integró la comisión que recientemente presentó una propuesta para mejorar el sistema de evaluación, recomendaciones que a su juicio no se verán plasmadas en un cambio regulatorio durante este gobierno, porque las prioridades están en materias más urgentes, como las pensiones o la Constitución. Ir a noticia original

Fuente: Diario Financiero