Hidroeléctrica Itata: Los pasos para levantar una central amigable con el medioambiente

Luego de la aprobación de la minicentral hidroeléctrica Itata en la localidad de Ñuble y ad portas de su inauguración el próximo 10 de junio, Freddy Merino, geógrafo de SGA y director del Estudio de Impacto Ambientaldel proyecto ejecutado por Eléctrica Puntilla, contó en diario El Sur de Concepción los aspectos positivos que hicieron de esta obra un éxito.

Dadas sus características, ha sido llamada la “central invisible”, porque gran parte de sus instalaciones están bajo tierra. Además, reúne una serie de cualidades sustentables que minimizan los potenciales impactos ambientales en su operación.

 

La generación eléctrica es preocupación país. Por eso, cada vez que una central entra en operaciones es aplaudida por todos. Pasado mañana se inaugurará la minicentral hidroeléctrica Itata, en la Provincia de Ñuble, proyecto que fue desarrollado por la Eléctrica Puntilla.

Está emplazada a un costado del Salto del Itata, a unos 15 kilómetros de Yungay. Tuvo una inversión de US$ 52 millones y a la puesta en marcha asistirá el ministro de Energía, Máximo Pacheco.

Dadas las características de la obra (que tendrá una potencia de generación de 20 MW, fuerza que permite una generación media anual de 140 GWh, lo que permite abastecer a 20 mil hogares), ha sido llamada la “central invisible”, porque gran parte de sus instalaciones están bajo tierra. Además, reúne una serie de cualidades sustentables que minimizan los potenciales impactos que su operación, y antes su construcción, puedan dejar.

Por ejemplo, la toma de agua será utilizada en modalidad consuntiva, las turbinas son subterráneas, la captación del recurso hídrico se hará fuera del cauce natural del río, entre otros beneficios.

La empresa consultora en gestión ambiental SGA, con más de 20 años de experiencia en el rubro, realizó el Estudio de Impacto Ambiental (EIA) y justamente el jefe de esta unidad, Freddy Merino, contó a este medio los detalles de la obra.

SEIS AÑOS

Señaló que el trabajo en lo que a ellos respecta partió el 2010, es decir, aunque suene obvio, hace 6 años, pero “es algo que en general demoran los proyectos y en particular éste, porque el titular de la iniciativa, (Eléctrica Puntilla), consideró desde el principio la variable ambiental, pues mientras desarrollada la ingeniería, nosotros participábamos con ir aportando con medidas de mitigación o cambios que se podían aplicar en la parte técnica para no afectar los componentes del entorno”.

El estudio lo ingresaron en junio del 2011, momento en que entró a evaluación, lográndose la aprobación en octubre del año siguiente.

Una de las grandes gracias que tiene la central es que no se ve y en eso el titular, según el experto, dedicó muchos recursos en eso. Explicó que al tratarse de una matriz de pasada significa que no hay embalse de agua, no es una zona de inundación, sino que se aprovecha la corriente que trae el río Itata.

Como el salto tiene una altura de unos 60 metros, lo que hace el proyecto es que unos 150 metros antes del salto, en la orilla capta el agua, sin apozarla, la lleva por unos tubos y por donde está la cascada, en el sector tierra, deja caer el agua. Las turbinas, que están a 57 metros abajo, empiezan a girar por el peso del agua, generando la energía. El fluido -sin ningún tipo de contaminación y ni una gota menos, puesto que se trata de una pasada- regresa al río tras el chorro.

“Como los generados y las salas de máquinas están a poco menos de 60 metros bajo tierra, no se ven desde arriba y no hay emisiones de gases. Las únicas dispersiones son de ruido, pero se siente al estar en el mismo lugar, abajo. Más sonido genera el propio salto que todo funcionando”, apuntó.

Acotó que hubo cambios que se le hicieron al proyecto a raíz de la evaluación ambiental que se hizo en el camino. Por ejemplo, se podía causar un impacto al atractivo turístico del salto. Las comunidades indicaban, y así es, que la gente iba a ser asados o en el verano se iba a bañar. Por eso, el impulsor de la obra se comprometió a no usar agua del río en el periodo de verano, que parte el 21 de diciembre hasta el 21 de marzo y en el horario diurno.

Además, para no afectar un canal existente en el sector, la captación del agua, arriba del salto, está después, por lo que no hay posibilidad de afectar el flujo normal para los canalistas.

Asimismo, se aplicó una tecnología para no atrapar peces cuando el agua se recibe. Para eso se instalaron unas pantallas eléctricas que generan unos campos que hace que los pescados no entren al tubo.

Todo lo anterior no es nuevo en el mercado. Según Freddy Merino en un principio no era así, pero desde hace unos 10 años hay una conciencia de parte de titulares de grandes proyectos de incorporar desde el inicio la variable ambiental, “porque eso les resuelve muchos problemas”.

Eso sí, reconoció que hace más de 15 años las evaluaciones de impacto ambiental eran menos estrictas que ahora. “Hubo una modificación del reglamento ambiental que empezó a regir en diciembre del 2013. Desde enero del 2014 es bastante más estricta la revisión de estos estudios. Ya casi no hay diferencia entre hacer un estudio y una declaración de impacto en términos del esfuerzo y la cantidad de antecedentes técnicos que hay que entregar. Es distinto el plazo de evolución entre uno y otro, pero en el contenido técnico del documento, ya casi no hay diferencias”, explicó.

EN LOS TIEMPOS

Por lo mismo, aseguró que el proyecto salió en el tiempo estimado, porque la estrategia usada por el titular fue considerando el aspecto ambiental, una modalidad que hoy se aplica, ya que por un largo tiempo defender técnicamente una iniciativa desde el punto de vista del entorno era suficiente, pero eso ya no corre, porque además debe haber un componente de relacionamiento comunitario previo.

Un valor agregado en relación a lo anterior fue que desde el inicio se pensó en hacer la “central invisible”, algo que fue informado a los alcaldes y durante el proceso de encuentros con las comunidades.

Otro elemento que rescató el profesional fue la poca complejidad para ejecutar las obras de la minicentral y bajo los parámetros citados. En esto favoreció el buen acceso gracias a los predios forestales que existen en el entorno. “Lo que sí ellos (impulsores) se autoimpusieron el compromiso voluntario de que el trazado de la línea no fuera con las torres tradicionales, sino que son postes y se hizo calzar para solo afectar plantaciones forestales y no vegetación nativa. Se sacaron solo pinos y eucaliptos. La complejidad de la construcción fue solo la primera parte, donde se construyó la bocatoma, porque había una bosquecito de especies nativas que no fueron tocadas. El acceso en ese caso fue a pie, todo hecho a mano”, rescató.